Y qué mejor manera de sentir la vida que tomándose un batido de multifrutas.

Reinaba la calma y Anoük y sus amiguitas, Peke-Peke y Peke-Pó, disfrutaban de ella. Los pajarillos cantaban alegres y enamorados y las abejitas revoloteaban por las flores.
Estaban rodeadas de hermosos y vivos colores. En ese lugar era imposible estar triste.
La calma se vio alterada por un extraño objeto volador que cayó en el agua.
Anoük se acercó a mirar, y volvió a caer otro extraño objeto.
¡Vaya susto! Le había caído justo al lado.
¡Oh, ésto... ésto son COCOS! ¿qué raro, de dónde vendrán? -Miró hacia un lado, miró hacia el otro. No sabía de dónde podían venir. -Allá a lo lejos hay una pequeña isla con palmeras, puede que salgan de allí.
Y Anoük, como siempre movida por su espíritu aventurero, buscó por sus alrededores algún objeto flotante para poder llegar a esa isla.

Encontró un tronco lo suficiente grande para ella y sus Pekes.
Los cocos no dejaban de caer. No había duda, venían de la isla. Cuánto más cerca estaba de ella, con más fuerza le latía el corazón. Por fin iba a saber qué estaba pasando.

¡OH, NO! ¡¡Uno de los cocos cayó sobre la cabeza de Anoük, propinándole un gran coscorrón!!

La pobre hadita cayó en plancha al agua y flotando se quedó. No supo cuánto tiempo estuvo inconsciente, pero cuando abrió los ojitos...

¡Ay, mi niñita! Que susto me has dado. Pensé que el golpe había sido más fuerte.- Una hadita autóctona de la isla, acompañada de un duendesito y su conejita,la estaban mirando preocupados, mientras ella intentaba incorporarse, aún algo mareada...
-Oh...¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado?
-Bueenoo... digamos que tengo mala puntería.
-O muy buena! porque me diste justo en la cocorota. - Anoük se tocaba el chichón.
-¡Ay, jajaja! Es que necesito coger cocos. Mi hijito Cocolín se alimenta sólo de cocos y mi marido, que es el que sabe cogerlos, hoy llegaba tarde al trabajo y no le ha dado tiempo cogerlos.
Coco-Baya, que así se llamaba la hadita, llevaba un palo muy largo, con el que intentaba golpear los cocos colgados a lo alto de las palmeras, pero siempre salían disparados.
-Si quieres puedo intentar darles yo, a ver si cae alguno.
-¡Ooh si, gracias! a ver si hay suerte.

Todos miraban hacia arriba sin quitarle el ojo a los cocos. A Cocolín se le hacía la boca agua. A su conejita Có también le gustaban mucho, pero prefería las papayas.
Anoük agarró el palo, lo echó hacia atrás y con todas sus fuerzas arremetió contra los cocos.
¡UAAAAAAAAAAAH! ¡AY, AY AYYYY!
¡Uy! Creo que le he dado a algo, pero no es un coco...

En vez de un coco cayó un monito. Menudo chichón, pobrecito... Estaba muy aturdido pero en seguida se puso a llorar desconsolado.
Coco-Baya lo cogió en brazos.- ¡Otra víctima, mecachis!
-Pupa... me duele... ¡Buaaaa! -El monito lloraba sin parar. El chichón era enorme.-¡Quiero irme de aquí, quiero ir con mis papás!-¿Y dónde están? ¿Allí arriba?
-No...¡en África!
-Pues eso suena muy lejano, por aquí no me suena nada con ese nombre. ¿Sabes ir tú solito?
-¡Buaaaa, siii, y aquí no me quiero quedar que me dais miedo!
Anoük, Coco-Baya y Cocolín se miraron. Estaban pensando qué podían hacer para que el monito fuera feliz y viera a sus papás.
Cocolín tuvo una idea.
Podríamos hacerle una barquita para que se reencuentre con su familia.
¡Qué idea más buena!
Entonces, se pusieron manos a la obra.

Buscaron tronquitos, lianas y telas. Tras mucho trabajo, consiguieron hacer una barquita. Era muy firme y segura. Estaban muy satisfechos de cómo había quedado.
El monito se puso muy contento y en seguida se subió. Por fin iba a ver a sus padres.

Empujaron la barca y cuando llegó al agua, ésta flotó y empezó a alejarse.
-¡Adiós, muchas gracias por todo, a pesar del chichón! Nunca os olvidaré.
-Adios monito - le dijeron- Dale recuerdos a tus papás de nuestra parte. Que tengas buen viaje.
El monito se iba alejando, pero a lo lejos vieron como un pelícano agarraba al pobre animalito.
ÑAKAAAAA!!

¡Suéltame, suéltame! Quiero ir a ver a mis papás.

¡Ya te llevo yo! - dijo una enorme ballena, que apareció de repente - ÑAAAAAM!

Todos se quedaron boquiabiertos.
¡Oh! ¿De verdad lo llevará a su hogar? - se preguntaron- Esperemos que así sea...
-¡¡Caramba!! pero ¿Qué ha sido eso? ¿Qué ha pasado aquí? - En ese momento apareció Mickey-Coco, el marido de Coco-Baya.
- Lo que te has perdido, y todo por intentar coger unos cocos.
-He traído muchos.
-Pues vamos a comérnoslos. Anoük, quédate con nosotros a pasar el día, te mereces una buena ración de comida por habernos ayudado.
-Sí, pero que no sea un coco, por favor...

Y así fue. Anoük y las gatitas se quedaron a pasar el día en casa de la familia Coco, rodeada de una isla tropical llena de color y alegría.
Cristina de Arcos.