sábado, 29 de agosto de 2009

¡Los cactus saltarines!


Era de noche, y Anoük se preparaba para irse a la camita. Tenía mucho sueño porque esa tarde se había subido a un árbol muy alto para dejar a un pajarito que se había caído de su nido.


Las gatitas ya estaban dormidas desde hacía rato, en los pies de la cama. Anoük se metió entre las sábanas y enseguida se quedó dormidita.





CHAC! CHAC! CHAC!


Ayyyyyyyyy!!!!

¡¡Pero cómo pinchaaaaaaa!!


Algo le había pinchado. Encendió la velita y vio que tenía todo el moflete lleno de pinchitos.


Levantó la almohada y vio un cactus chiquitito, que empezó a llorar desconsoladamente.
Anoük no sabía qué hacía un cactus debajo de su almohada, y llorando.



-Mmm... ¿tienes sed, quieres agüita?
El cactus dejó de llorar y empezó a saltar, así que Anoük salió disparada hacia abajo, abrió la puerta y se fue al huerto del señor Tom, que estaba enfrente de su casa. Llegó con un platito lleno de tierra mojada en agua y lo puso encima de la mesita de noche.
El cactus saltó al platito y se puso muy contento.
-Estaba muerto de sed, pobrecito...





El cactus se quedó dormidito y Anoük le puso un algodoncito debajo de la cabecita a modo de almohadita y lo tapó con una servilleta de tela.
A la mañana siguiente picaron muy temprano a la puerta. Anoük bajó corriendo y al abrir la puerta se encontró a Violeta medio llorando.
-¡Oh, Violeta! pero ¿qué te ha pasado?
-Buaaaaaaaaaaaaa ¡Miiiraaaaaaaa!



¡¡Violeta tenía todo el culete lleno de pinchos!!
-Me iba a poner a desayunar, y cuando he ido a sentarme, me he pinchado. Y he visto este cactus, y se ha puesto a llorar, como yooo... ¡¡¡Buaaaaaaaa!!!
Violeta traía consigo el cactus, en una toallita.
-No pasa nada ¡mira! a mi también me ha pinchado uno.
-¿Y qué hacemos con ellos?
-Pues creo que tengo una maceta fuera. Podemos probar a plantarlos, a ver si lo hacemos bien.



Fueron a buscar la maceta al patio de atrás de la casita de Anoük y, con mucho cuidado de no pincharse, plantaron los cactus, que estaban muy felices.
Mientras plantaban:
-Anoük, yo no sé como se cuidan los cactus... ¿y si les doy mucha agua y les ahogo?
-Ya... a mi me pasa lo mismo... ¿qué hacemos ahora? Si supiéramos de alguien que los cuidara bien...
Entonces, en ese momento se miraron las dos y...
-¡Malva, la hija de Savia! Tiene un montón de cactus en su jardín. ¡Es una gran entendida!
-Pues se los llevaremos para que los cuide bien.
Cuando acabaron de plantar los cactus, Anoük vio unas malvas que crecían tras unas piedras, y le vino algo a la memoria:
-Oye Violeta, ¿Cuándo cae el día de las Malvas? es que veo que ya han florecido.
-Pues... ¡Anda, creo que es hoy! Qué casualidad. Hoy es el día en que las malvas florecen por primera vez este año. Cuando le llevemos los cactus nos tenemos que acordar de felicitarla.
-Sí... y se me está ocurriendo que podríamos decorarle la maceta, para que fuera más bonita.
-¡Valeeeeeeeeee, que bien que me lo voy a pasar hoy!
Entre las dos le pintaron tréboles y florecitas, ¡sobre todo malvas!





La maceta quedó preciosa, y Anoük y Violeta se fueron muy contentas a casa de Malva.
Cuando llegaron y vieron el jardín de Malva, empezaron a sospechar de dónde habían salido los cactus...




¡¡Muchas felicidades Malva!! Te traemos un regalito.
-¡Oh, muchas gracias! Ya veo a dónde han ido a parar... Es que me salen por todos lados y algunos saltan y luego no saben volver.
La mamá de Malva estaba sentadita en el tronco que estaba en la entrada de la casa. Estaba tomando el fresquito, y le hizo mucha gracia ver a Anoük y a Violeta, así que las invitó a comer. ¡Había preparado un guiso de flores exquisito! Se pusieron las botas, no quedó ni un solo petalito.





Después de comer, salieron al jardín y Malva les enseñó los tipos de cactus que tenía y cómo se cuidaban. De todos los cactus que habían, los que más les gustaron a Anoük y a Violeta fueron los lithops, porque parecían pezuñas de cabra ¡y no tenían pinchos!
Malva les regaló uno a cada una para que los mimaran mucho.



-En raras ocasiones dan flor. A ver si os salen a vosotras.
-Los pondremos en la repisa de la ventana para que les dé el sol.
Se despidieron y se fueron a casa de Violeta, y merendaron un bizcocho de chocolate relleno de mermelada de moras.



-Jo Violeta, que bien te ha salido este bizcocho. Mañana te vienes a desayunar a mi casa y te haré un bizcocho de piña y coco ¿vale?
-¡Siii, me encanta la piña!
Y así quedaron. Anoük se fue a su casita y enseguida volvió a reinar la noche, y el pueblo Pó quedó sumido en la más dulce tranquilidad...




CHAC! CHAC! CHAC!


¡¡¡Ayyyyyyyyyyyyyyy!!!



4 comentarios:

Anónimo dijo...

Uuuuff,que bueno el guiso de petalos, probaré hacerlo en casa con flores silvestres ^_^
jijijiji. Que xuliiiiiiiiiiiii!!!!!!!
WAWI

cristina dijo...

pues cuando pruebes las morcillas y los chorizos de Pó te van a encantar, son muy conocidos en toda la zona. las hadas hacen cola por comprar esta delicia!!! y encima no tienen colesterol porque estan hechas de col lombarda!!!

Cris Purrusalda dijo...

ohhhhhhhhhhhh que lindos cactus jejjee me encantaaaaaaaa la abuelita, es tan dulce y amorosaaa. besos lunáticos

cristina dijo...

Jijiji, la abuelita es la más sabia del pueblo! a ella le van muchos vecinos a que les cure sus dolencias, y algún que otro consejo también da!